3.   El Continuar Pecando Afecta la Fe del Creyente

La Biblia deja muy bien establecido que en esta vida los cristianos pecan; y que el recurso de ellos cuando han pecado es el perdón a través de Cristo (1 Juan 1:8, 9; 2:1) Por otro lado, es antinatural para un cristiano continuar en una vida de pecado. Es decir, en tanto que  tenga la vida de Cristo dentro de él, habitualmente no puede pecar. (Vea 1 Juan 3:8, 9, donde el tiempo griego es el presente continuo)

El que practica el pecado es del diablo. Cualquiera que nace de Dios no practica el pecado; es decir, no sigue un hábito de pecado. No puede seguir pecando a la manera que los hijos del diablo lo hacen. El verdadero cristiano debiera poner el pecado a un lado y seguir creciendo espiritualmente, sabiendo que cualquier práctica pecaminosa le afectará muy negativamente su fe. ¿Implica esto que un cristiano puede pecar y todavía se puede salvar? El primer impulso de muchos es decir que si peca no se salva. Sin embargo, es necesario considerar el hecho de que el orgullo, la envidia, y la amargura se aceptan como “fracasos comunes”. Nadie sugeriría que los creyentes que cometen estos pecados estén perdidos. Es más, si se insiste que Dios exige en el presente la perfección de los creyentes, entonces debemos plantearnos la siguiente pregunta: "¿Está el cristiano firme en Cristo basado en su propia justicia o en la justicia de Cristo imputada a él por la fe?” Si el hombre sólo se salva si mantiene una vida sin caída, ¡entonces la salvación no sería por gracia, sino por obras!

Por lo tanto, si el creyente es aceptado por Dios sólo si él está sin faltas, entonces el cristiano no es libre de la condenación como Pablo insistió en Romanos 8:1. Se convierte más bien en un continuo ejercicio de miedo y condenación al vivir escudriñando su alma; con lo que pierde el gozo que trae el conocimiento de la salvación. (Ver  Romanos 5: 9-11, donde está claro que “el Dios que nos amó tanto para proveer nuestra salvación, nos ama también lo suficiente para mantenernos salvos todo el camino hasta la gloria”). Esta convicción nos da alegría en Él.

Sin embargo, el ser consciente de que vivimos en medio de un mundo depravado, nos debe animar a pedirle continuamente al Espíritu Santo que escudriñe nuestro corazón; y si nos muestra algún pecado no confesado aún, debemos recurrir a la confesión y al arrepentimiento.
 
Recordemos que el Señor Jesús, en la oración que nos enseñó (el Padre nuestro), nos dice que cada día, además de pedir nuestro pan, debemos pedirle a Dios que nos perdone todas nuestras ofensas. Una pregunta relacionada con esto es la siguiente: ¿Qué pasaría a un creyente que comete un pecado precisamente segundos antes del retorno del Señor, o si muere cometiendo un pecado? En primer lugar debemos reconocer que el Señor Jesús es Fiel.  El no nos va a usar en su obra por algún tiempo sólo para traicionarnos al final, permitiendo que Satanás nos derribe cuando ya no haya oportunidad para arrepentirnos.  Es cierto que muchas veces, después de ciertas caídas y levantadas, el Señor puede recurrir a llevarnos de este mundo si, en su omnisciencia, conoce que el volver a caer significaría una retirada total de la fe.  En su misericordia y por su amor, puede usar esta prerrogativa de Su soberanía.
                     
Por otro lado, sabemos que hay quienes mantienen que un cristiano no puede cometer un pecado y seguir siendo salvo (basados en lo que realmente enseña la Biblia que “sin santidad nadie verá al Señor” y “Sed santos porque yo soy santo”);  y en lugar de concentrar su enseñanza en el amor, la gracia, la misericordia y la fidelidad de Dios, enseñan que semejante creyente está perdido, rechazado por Dios y condenado por la eternidad. ¡Qué desesperación! El creyente, en lugar de recibir un evangelio que le enseña que la gracia de Dios ha sido manifestada para que conozca la verdad y sea libre, se pasa toda una vida con el gran temor de que su futuro eterno sería el lago de fuego.

¡El verdadero creyente no está en una puerta rotativa, entrando y saliendo de la gracia de Dios! ¡Él está seguro en las manos de Dios, y ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni poderes, ni las cosas presentes, ni las cosas por venir, ni altura, ni profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarlo del amor del Padre!

Debe decirse, sin embargo, con el mayor énfasis posible, que pecar no es natural para el cristiano. Él no puede seguir cometiendo los mismos viejos pecados. Habiendo nacido del Espíritu, el creyente es una nueva criatura para quien las cosas viejas han pasado y las nuevas cosas han venido (2 Corintios 5:17)
                           
El pecar es ahora, ANTINATURAL. La vieja vida es una cosa del pasado; y aunque es una fuerza latente dentro de uno, está dominada y declarada muerta  por la nueva Presencia que mora en nosotros (Romanos 6:11)  Aquello que antes era la practica y costumbre, ahora se ha convertido en algo antinatural y contrario a los nuevos impulsos del corazón.

"El que es nacido de Dios," dijo Juan, "no puede pecar [o seguir practicando el pecado]". Es decir, el pecado es extraño a la nueva naturaleza. La nueva naturaleza que es nuestra por la fe, no peca.

Así cuando la vieja naturaleza recobra el control, temporal e inesperadamente, el nuevo ser se subleva contra esta intrusión antinatural. El recurso inmediato es Cristo.  La Biblia nos dice que aunque nosotros le seamos infieles al Señor, El permanece siendo Fiel.  El no se puede negar a sí mismo (2 Timoteo 2:13).  El Señor siempre está dispuesto a interceder por nosotros ante el Padre (Hebreos 7:25), mostrándonos que su amor por nosotros nunca deja de ser.

Cuando el creyente que ha pecado se vuelve a Cristo, no viene con la desesperación de un alma perdida, sino con el conocimiento seguro que, como un hijo de Dios que es, él tiene un Abogado con el Padre (quien es Fiel y Justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda injusticia).Así el creyente ejerce su prerrogativa como hijo de Dios, sin dudar su posición que él sabe está basada en la rectitud infalible de Cristo por la fe.

Habiendo enfatizado la soberanía y gracia de Dios, también es indispensable traer a colación la  libre voluntad y la responsabilidad del creyente. Dios no retira el poder de elección a la persona que cree. Por el ejercicio del libre albedrío, el creyente acepta la salvación y se vuelve un hijo de Dios; y por el continuo ejercicio de su voluntad, el creyente sigue siendo un hijo de Dios. Seguir creyendo es la responsabilidad del creyente.
                           
El creyente también debe tener el cuidado de no tomar una actitud ligera hacia el pecado. No debe usar la gracia de Dios como una licencia para pecar.  La Palabra nos enseña que nadie puede burlarse de Dios (Gálatas 6:7); y que Dios, además de ser amor (1 Juan 4:16), también es fuego consumidor (Deuteronomio 4:24). "¿Continuaremos en el pecado para que la gracia abunde?” Preguntó  Pablo (Romanos 6:1) La respuesta es enfáticamente negativa. Pablo supo y enseñó que el practicar un pecado afectaría adversamente la fe de un creyente; y es la fe la que hace posible una relación con Dios. El pecado continuado es presuntuoso, arbitrario, y es una evidencia de rebelión. (Ver Números 15:30, 31)  La rebelión es lo contrario a la obediencia de fe.            

Los creyentes constantemente deben estar en guardia, “mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios" (Hebreos 12:15) La exhortación de la Biblia es: "Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos” (2 Corintios 13:5) ¿Por qué  tales precauciones y preocupación? Estas repetidas advertencias sólo son comprensibles cuando se reconoce que la pérdida de la fe perjudica el alma. ¡Así como es verdad que la salvación del creyente no se gana por sus hechos virtuosos ni su salvación es mantenida por ellos, es igualmente cierto que cuando el creyente obtiene su salvación por la fe, también la puede perder por causa de la incredulidad! El pecado y la incredulidad están estrechamente relacionados. El pecado arriesga la fe, y perder la fe es perder lo que mantiene a una persona firme en la salvación en Cristo.  En Hebreos 3: 12-14 se confirma esto.

El escritor advirtió a los hermanos que la incredulidad los llevaría a apartarse del Dios viviente; les advirtió que si el pecado nos engaña va a endurecer nuestro corazón (trae rebeldía); y les recordó que somos participantes de Cristo con la condición de que retengamos firmes hasta el fin, nuestra confianza del principio.

Si ser salvo en Cristo es por la fe, quite la fe y ya no queda nada que le pueda mantener salvo. Por esto  la escritura amonesta al creyente diciéndole: "Ten cuidado de ti mismo…” (1 Timoteo 4:16)

4.   La Salvación se Pierde Rechazando a Cristo

Dios no permite que lo tomemos tan fácilmente. (Vea Romanos 10:21, donde Pablo estaba hablando de Israel, pero aplicando el principio a los creyentes)  Un creyente puede perderse si por desatender las constantes llamadas que le hace el Espíritu Santo, llega al punto donde rechaza a Jesús como su Salvador.

Es posible creer durante algún tiempo y caer cuando viene la tentación (Lucas 8:13 Es posible para el hermano débil por quien Cristo se murió, perecer (1Corintios 8:11)  Es posible que un nombre que haya sido escrito en el Libro de Vida, sea borrado (Apocalipsis 22:19)  La Biblia nos da ejemplo de hermanos que por un tiempo estuvieron sirviendo al Señor y luego fueron apóstatas de la fe (Ver 2 de Timoteo 2:17; 4:10,17)

Ahora bien, debido a que sólo Dios conoce todas las cosas, aún las intenciones de nuestros pensamientos; NO es posible determinar si una persona ha dado, o no, su espalda a Jesús como su Salvador; por consiguiente, debemos dejar todo juicio en las manos del único Juez y Omnisciente Dios.

De una cosa sí podemos estar seguros: Si Dios no cesa en sus esfuerzos por hacer que vuelva el pródigo pecador al arrepentimiento, tampoco debiera la iglesia dejar de insistir que aquellos que se han descarriado vuelvan a reconciliarse con Cristo.

La Biblia reconoce la posibilidad de que la salvación puede perderse, pero nunca deja de ofrecer esperanza para cualquiera que quiere responder al llamado del Espíritu Santo. La invitación de Jesús es sin discriminación. El habla a todos cuando dice, "Vengan a mí todos los que estén cansados y cargados, que yo les daré descanso" (Mateo 11:28) O como lo dice Pablo: "Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo" (Romanos 10:13)

APÉNDICE 1

EXPOSICION DEL CONFLICTO DOCTRINAL.

A continuación exponemos brevemente y de manera comparativa, el gran abismo doctrinal que ha mantenido dividida la iglesia de Cristo por muchos siglos de su historia y que es conocido como “Los 5 puntos del Calvinismo y los 5 puntos del Arminianismo”.

A. PRIMER PUNTO

CALVINISMO: Depravación Total o Inhabilidad Total. Debido a la caída, el hombre es incapaz él mismo de creer en el evangelio de la salvación.  El pecador está muerto, ciego y sordo de las cosas de Dios.  Su corazón es engañoso y desesperadamente corrupto.  Su voluntad no es libre sino que está atada a su naturaleza maligna; por lo tanto, él no podrá elegir algo bueno de lo malo, en el ámbito espiritual. En consecuencia, toma mucho más que la sola asistencia del Espíritu Santo para traer un pecador a Cristo.  Debe darse la regeneración, mediante la cual el Espíritu Santo hace que el pecador viva y le da nueva naturaleza.  La fe no es algo con lo que el hombre contribuye para su salvación; sino que es más bien parte del regalo mismo de la salvación.

ARMINIANISMO: Habilidad humana, Voluntad propia o Libre Albedrío.

Aunque la naturaleza humana fue seriamente afectada por la caída, el hombre no ha sido dejado en un estado de abandono espiritual total. Dios capacita graciosamente a cada pecador para que pueda arrepentirse y creer, pero El no interfiere con la libertad del hombre.  Cada pecador posee una voluntad libre y su destino eterno depende de cómo la use.  La libertad del hombre consiste en su habilidad de elegir lo bueno sobre lo malo, en materia espiritual.  Su voluntad no está esclavizada a su naturaleza pecaminosa.  El pecador tiene el poder para cooperar con el Espíritu Santo y ser regenerado, o puede resistir la gracia de Dios y perecer. El pecador perdido necesita la asistencia del Espíritu Santo, pero no tiene que ser regenerado antes de que pueda creer; sino que el Espíritu Santo comienza un trabajo de regeneración, perfeccionamiento y santificación después que el pecador le entrega su vida a Dios. La fe es la contribución del hombre para su salvación.                          

B. SEGUNDO PUNTO

CALVINISMO: Elección Incondicional.

La elección de Dios para salvación en favor de ciertos individuos, desde antes de la fundación del mundo, descansó solamente en Su propia y soberana voluntad. Su elección de algunos pecadores particulares no estuvo basada en que conoció de antemano ninguna respuesta u obediencia de parte del pecador; sino por el contrario, Dios le da la fe y el arrepentimiento a cada persona que El ya ha elegido.  Estos actos son solo el resultado, no la causa, de la elección de Dios.  La elección, por lo tanto, no fue determinada ni condicionada por ninguna cualidad virtuosa ni por ninguna acción prevista por Dios en ningún hombre. Dios, a través del poder del Espíritu Santo, hace que todas aquellas personas a las que El soberanamente ha elegido, reciban a Cristo.

ARMINIANISMO: Elección Condicional.

La elección que Dios ha hecho de ciertos individuos para la salvación, desde antes de la fundación del mundo, ha sido basada en la presciencia de Dios, al conocer cómo ellos responderían al llamado al arrepentimiento.  Dios eligió solamente a aquellos a quienes El sabía que libremente elegirían creer en el evangelio y recibir a Cristo.  La elección, por lo tanto, fue determinada y condicionada por lo que el hombre haría. Por lo tanto, la elección que el pecador hace por Cristo y no la elección que Dios hace por el pecador, es la causa última de la salvación.

C. TERCER PUNTO

CALVINISMO: Expiación Limitada o Redención Particular.

El trabajo de redención que Cristo ha realizado tuvo la intención de salvar solamente a aquellas personas que Dios había elegido salvar y por lo tanto ha asegurado la salvación para todos ellos. La muerte expiatoria de Cristo fue solamente para pagar el precio del pecado de ciertos pecadores.  Además de poner aparte el pecado de Su gente, la redención de Cristo aseguró todo lo necesario para que sean salvos, incluyendo la fe que los uniría a El.  El don de la fe es aplicado infaliblemente por el Espíritu Santo a todos aquellos elegidos y por los cuales Cristo murió; y les garantiza por ende, su salvación.

ARMINIANISMO: Expiación General o Redención Universal. El trabajo de redención de Cristo ha dado la posibilidad a cada ser humano de ser salvo, pero no le ha asegurado la salvación a nadie.  Aunque Cristo murió por todos y cada uno de los hombres, solamente aquellos que creen en El serán salvos.  Su muerte ha permitido que Dios le perdone los pecados a cualquier pecador, con la condición de que crean en Cristo. La redención de Cristo viene a ser efectiva solamente si el hombre elige aceptarla.
                         
D. CUARTO PUNTO

CALVINISMO: La Gracia Irresistible o el llamado eficaz del Espíritu Santo. En adición al llamado general para salvación que se hace a todas las personas que escuchan el evangelio, el Espíritu Santo extiende un llamado interior especial a los elegidos, lo que inevitablemente les traerá la salvación. El llamado general (el cual es hecho a todos los hombres, sin distinción) puede ser rechazado; sin embargo, el llamado particular (el cual es hecho solamente a los elegidos), no puede ser rechazado y siempre resulta en la conversión.  A través de este llamado particular, el Espíritu Santo trae los pecadores a Cristo de una manera irresistible.  El Espíritu Santo no está limitado por la voluntad humana ni depende de ningún tipo de cooperación por parte del hombre, para tener éxito en Su trabajo de salvar a los hombres. El Espíritu Santo, graciosamente, hace que los pecadores elegidos cooperen, crean, se arrepientan y vengan libre y voluntariamente, a Cristo. La gracia de Dios es invencible. Nunca falla en traer la salvación a aquellos a quienes Dios se las ha extendido.

ARMINIANISMO:  El Espíritu Santo Puede Ser Resistido

El Espíritu Santo le hace un llamado  interior a todos los que escuchan la invitación del evangelio; pero como el hombre tiene libertad para elegir, puede resistir el llamado que el Espíritu Santo le hace. El Espíritu Santo no puede regenerar al pecador hasta que éste cree.
La fe (la cual es la contribución del hombre), precede y hace posible el nuevo nacimiento. Por lo tanto, la libre voluntad del hombre limita al Espíritu Santo en la aplicación del trabajo salvador de Cristo. El Espíritu Santo solamente puede rescatar a aquellos que se lo permiten. Mientras el pecador no responda adecuadamente, el Espíritu Santo no le puede dar vida. La gracia de Dios, por lo tanto, no es invencible. Puede ser, y con frecuencia lo es, resistida y frustrada por el hombre.

E. QUINTO PUNTO

CALVINISMO: La Perseverancia de los Santos. Todos aquellos que han sido elegidos por Dios, redimidos por Cristo y han recibido la fe que da el Espíritu Santo, son eternamente salvos. Son mantenidos en la fe por el poder de Dios y todos perseverarán hasta el final.

ARMINIANISMO: Se Puede Caer de la Gracia. Todos aquellos que han creído y han sido salvos, pueden perder su salvación si no mantienen la fe en Cristo y perseveran hasta el final.

Como podemos apreciar, la discusión sobre la extensión de la expiación de Cristo ha sido, desafortunadamente, enmarcada en el contexto de dos posiciones polarizadas: expiación limitada versus expiación ilimitada. Típicamente, aquellos en favor de cualquiera de estas dos corrientes teológicas hacen su enfoque bíblico en las porciones de las Escrituras que parece darles a ellos la razón.

Así vemos que los Calvinistas enfatizan en los versículos que tratan sobre “la predestinación y la muerte de Cristo como que cubre solamente a los elegidos”, en tanto que los Arminianistas lo hacen con los que hablan sobre “el libre albedrío y la muerte de Cristo en relación con todos los seres humanos”.

Vemos con asombro cómo se ha infiltrado en el cristianismo la teoría relativista secular que dice que “nada es correcto ni incorrecto sino que todo depende del cristal con que se mira”. Es como decir que si tú crees en algo y tu conciencia no te acusa, eso está correcto para ti aunque para otra persona que tenga una opinión diametralmente contraria a la tuya, si cree algo  y su conciencia no le acusa tampoco, entonces eso también estaría correcto.
                          
Esta manera de pensar no está bien; pues está claro que la verdad es una sola y no debe haber confusión en cuanto a la misma. La verdad es Jesucristo y él es el único que puede revelar los misterios de la vida. Estamos 100% seguros que Dios ha dado la revelación a la humanidad.

Sabemos que, buscando reconciliar las diferencias palpables en las interpretaciones bíblicas, muchos de los teólogos de la gracia soberana (Darby, Chafer, Good, Custance, etc.) han argüido con éxito que el trabajo de Cristo en el Calvario ha tenido que ver con ambos pensamientos: Limitado e ilimitado. Ilimitado en cuanto a su extensión, pero limitado en cuanto a sus efectos salvíficos.  Además, muchas posiciones han sido correctamente avanzadas buscando acoplar ambos aspectos, reconociendo las dimensiones de responsabilidad que conciernen al hombre en la expiación de Cristo. La Biblia declara que: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre para que cumplamos todas las palabras de esta ley”  (Deuteronomio 29:29); y también: “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento”  (Oseas 4:6)

Debemos ser muy cautelosos al estudiar la Biblia y es muy importante que busquemos el balance escritural de Dios en cualquier doctrina.  Esto ayudará a evitar los extremos que normalmente lo que hacen es traer frustración a los creyentes en lugar de edificación, en su caminar con Dios. Aprendamos a mirar la Biblia como un todo y no nos detengamos solo en una porción (principalmente cuando la revelación no es muy clara o es ambigua)  ios quiere que todos vengamos al conocimiento de toda la verdad.

¡Escudriñemos las Escrituras!                      


Teología en Resumen












































                                                                                                                     < ...anterior
< ...anterior
POSICION DOCTRINAL
 
 
(Si no puedes ver la barra de menús en tu navegador, por favor elimina todos los datos de navegación: control+Mayús+supr)
 
 
© 2011 Iglesia Catedral de la Alabanza (Cathedral of Praise Church) - Diagonal Roque Cabrera 777 e/ Julia Miranda Cueto
Fernando de la Mora, Paraguay, Sudamérica - Tel.: (595) - 21 - 508 152 :: Email: catedral@click.com.py
Enlaces de Interés
TEMA CALVINISMO ARMINIANISMO
Pecado Original Depravación total y la culpa heredada de Adán La debilidad es heredada de Adán
Voluntad Humana Atada al pecado Libre para hacer lo que es espiritualmente bueno
Gracia de Dios Gracia común dada a todos; gracia salvífica dada solo a los elegidos Gracia capacitadora dada a todos; gracia salvífica dada a todos los que creen
Predestinación Basado en un decreto de Dios Basado en el conocimiento anticipado de Dios
Expiación La muerte de Cristo es un sacrificio penal sustitutorio La muerte de Cristo es un sacrificio que Dios acepta benevolentemente en lugar de la penalidad
Extensión de la Expiación Considerada solamente para los elegidos Considerada para todos
Aplicación de la Expiación Por el poder del Espíritu Santo, de acuerdo a la voluntad de Dios Por el poder del Espíritu Santo, en respuesta a la voluntad del pecador
Orden de la Salvación Elección
Predestinación
Unión con Cristo
Llamado
Regeneración
Fe
Arrepentimiento
Justificación
Santificación
Glorificación
Llamado
Fe
Arrepentimiento
Regeneración
Justificación
Perseverancia
Glorificación
Perseverancia Perseverancia de todos los elegidos, por la gracia de Dios Perseverancia dependiente de la obediencia
CALVINISMO VS. ARMINIANISMO